El Seder y la Hagadá, por el Prof. Jaime Barylko (z'l)

Séder. Así se denomina el ritual íntimo-familiar de la noche de Pésaj. Toda la familia suele congregarse en torno de una misma mesa. Séder significa "orden". Es una noche "ordenada". Es distinta de todas las noches del año. Hay un orden a seguir, a cumplir. El padre actúa como un "rey". Ayer esclavo, hoy rey. Esta noche, evidentemente, no es como todas las noches del año. Para qué se ha reunido tan solemnemente toda la familia? También en otras noches del año puede acaecer que la familia se reúna: entonces comen, comentan sus problemas personales, los problemas del mundo. Esta noche es distinta. Es noche de fiesta, de narración. En efecto: se han reunido para narrar una vieja historia, la historia de la esclavitud de los judíos en Egipto, la historia de su redención, de su supervivencia.
"Narración" se dice en hebreo "Hagadá". En la noche del Séder todos los miembros de la familia leen en un libro especial llamado, precisamente, Hagadá. Ahí está sencillamente relatada la historia, la vieja y siempre nueva historia, del pueblo hebreo. Narración del pasado y del presente.
Moisés escribió en su libro: "Y narrarás a tu hijo..." Pésaj es la fiesta de los hijos, para los hijos. Pero es menester que el hijo pregunte. Todo es extraordinario. Todo está predispuesto para acuciar a los hijos y para incitarlos a preguntar. Entonces el hijo pregunta: "En qué se diferencia esta noche del resto de las noches del año?" Y seguirán las preguntas: Por qué se come matzá? Por qué se comen hierbas amargas? Por qué están sentados todos como reyes? Por qué? El padre habrá de responder. Toda la Hagadá no es más que una larga respuesta a estas preguntas esenciales. Revive la historia. El padre comienza diciendo: "Fuimos esclavos del Faraón en Egipto..."
Maravillosa narración. Todos la conocen. Pero es siempre nueva, siempre estremecedora. Di"s sacó al pueblo de Egipto, Di"s está presente en la noche del Séder. Si Di"s está presnete, cabe esperar la redención final de todos los males y de todas las penurias. Noche de alegría con hábito divino. Es la primavera en el alma. Es el canto. Un canto de la Hagadá dice: "Quien sabe qué quiere decir "Uno"? Yo sé lo que quiere decir "Uno". Uno es nuestro Di"s en el cielo y en la tierra..."
La noche concluye con las palabras fundamentales: "El próximo año, en Jerusalén!"
Se come, se bebe. Cuatro rituales copas de vino. Así lo exige el orden, el Séder. Alguien se levanta de la mesa, y abre la puerta. El profeta Elías ha de entrar. El de las luengas barbas blancas, el mágico protector de todos los niños. Simboliza al judaísmo eterno. Nadie lo ve. Pero todos saben que está ahí, presente. Hay una copa de vino que lo espera. Es la "copa de Elías". Está presente. Como el pasado, como el futuro. Es el mismo profeta que arribará en el final de los tiempos para anunciar la llegada del Mesías, de la paz universal, de la hermandad de los pueblos. Es el mismo, con sus luengas barbas blancas, con su rostro radiante de serenidad y bondad. Los niños lo esperan. La humanidad toda lo espera.
La noche del Séder reluce, con los elementos simbólicos que la componen, de una manera muy especial. Todo es distinto, e invita a la reflexión de los adultos y al interrogatorio por parte de los niños. La Hagadá menciona cuatro tipos de hijos que, eventualmente, pueden darse: 1) el justo, 2) el perverso, 3) el inocente, 4) el que aún no sabe preguntar. Cada uno de los tres primeros pregunta sobre la novedad y la distinción de esta admirable noche festiva. Cada uno según su idiosincracia, según su estilo. El padre deberá responderles y explicarles: también al cuarto hijo. A los hijos hay que educarlos.
El Séder es predispuesto fundamentalmente para ellos, los niños, la nueva generación en marcha. En este Séder hay un elemento simbólico estrechamente ligado a la vivencia festiva de los niños; es el afikomán. (En verdad este término es bastante oscuro, tanto en su sentido etimológico como en su sentido histórico-tradicional. Linguísticamente es palabra, al parecer, de origen griego y significaba "postre".)
El padre está sentado, como un rey, entre cojines almohadones. Al comienzo del Seder el padre guarda un trozo de matzá entre los almohadones. Ese trozo es deminado afikoman y al final de la cena será repartido entre los comensales como simbólica comida de postre. Ahora bien: es antigua costumbre que los niños intenten "hurtar" el afikoman al padre, para reintegrárselo al final de la cena a cambio de un "rescate", esto es de una promesa de gratificación, Los folkloristas sostienen que esta costumbre juguetona tiene su fuente, premeditada, en los adultos mismos, que la han creado para mantener despiertos a los niños hasta el final de la cena.
No en vano, pues, se han inspirado en Pésaj narraciones y poemas del más alto nivel literario tanto en idish como en hebreo. Una monografía especial debería dedicarse a este tema. Nos contentaremos con citar estas palabras de Berl Katzenelson: "Pésaj!" Un pueblo que conserva en la memoria durante milenios el día de su liberación de la esclavitud, y a través de todas las cuevas de la humillación, y de la Inquisición, y de la conversión forzada, y de las matanzas, guarda en su alma la añoranza de la libertad. A tal cúspide de conciencia histórica no ha llegado nadie!"